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noviembre 26, 2020
Artículos Oil & Gas

Identificación de la brecha de género

Perspectivas de la industria eléctrica mexicana

Identificación de la brecha de género en el sector energético

Por: Mitzi Pineda Acosta* y Marcos Ávalos Bracho*

Recientemente, la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA por sus siglas en inglés) publicó el documento “Energía renovable: un enfoque de género”. En él reconoce la importancia de la perspectiva de género para las energías renovables.[1]

Al respecto, sugiere que la transformación que está viviendo la energía es una oportunidad para alcanzar ese cambio sistémico en nuestra sociedad de abrir paso a una mayor inclusión y equidad, tanto en el acceso para el consumo, como en la oferta de la energía. El argumento que sostiene es fuerte: la transformación traída por las energías renovables puede aliviar la pobreza energética, generar trabajo, mejorar el bienestar y, no menos importante, fortalecer la equidad de género.  

El enfoque de género es importante en el sector porque: 1) provee de información nueva sobre el rol de la mujer en la energía; 2) es una oportunidad para el empleo formal; 3) promueve la participación activa de las mujeres en la toma de decisiones a nivel global. En ese mismo sentido, el reporte de la IRENA tiene el objetivo de contribuir a cerrar la brecha de conocimiento de la perspectiva de género en el sector energético. 

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Su estudio enfatiza la relevancia de la contribución de las mujeres en la transformación de la energía, las barreras y retos que enfrentan y las medidas que tanto el gobierno como compañías pueden (y deben) tomar para atender la brecha de género en el sector energético. Para lograrlo, utilizó una encuesta en línea combinada con investigación a profundidad aplicada a 144 países, tanto en agencias gubernamentales, como ONGs, empresas privadas, entre otros actores.

Los resultados de su estudio arrojaron que existe una mayor participación femenina en el sector de energías renovables (del 32%), en comparación con el promedio del 22% de energías convencionales. No obstante, es relevante revisar a detalle ese promedio de 32%. De las mujeres trabajando en las renovables, sólo el 28% trabaja en un sector STEM (ciencia, tecnología, ingeniería, matemática), el 35% es técnico no-STEM y el 45% hace trabajos administrativos. 

Esta característica es desalentadora porque las mujeres podrían proveer una valiosa perspectiva en decisiones clave, desde la inversión hasta el diseño de proyectos por sus habilidades, su impacto económico y justicia social. Su visión es una parte integral para el crecimiento de la industria. 

A nivel internacional, tal como menciona el BID o la CEPAL, es reconocido que las mujeres no tienen el mismo acceso a oportunidades de desarrollo y de reducción de la pobreza que los hombres, y que la pobreza energética recae más en ellas,[2][3] principalmente, por el impacto de los roles de género tradicionales.[4] Por ejemplo, en actividades que les consumen tiempo y esfuerzo de más (como acarrear agua); la reducción de horas disponibles para trabajar (por falta de iluminación), y la exposición a gases dañinos para la salud (por el proceso de elaboración de alimentos con insumos tóxicos). 

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En ese sentido, la propuesta de la IRENA sugiere que la naturaleza descentralizada y multidisciplinaria de la aplicación de las energías renovables brinda opciones de energía en el hogar y a nivel comunidad, donde las mujeres tienden a tener mayor voz. Además, que la energía renovable es un sector productivo para que las mujeres puedan incorporarse en la vida laboral y en un empleo formal. 

No obstante, y con la información presentada en el reporte, diferimos que esto sea un proceso que se pueda dar de manera natural; porque existen implicaciones estructurales como propias de las empresas de energía, en general, que impiden la contribución femenina en el sector. De acuerdo con el reporte, la barrera más importante para dicha participación se debe a la percepción de los roles de género que señalan que existen sectores de trabajo exclusivos (y, en consecuencia, otros excluidos) para mujeres.

Asimismo, existen normas sociales y culturales; carencia de mujeres con formación STEM; prácticas de contratación desalentadoras; falta de crecimiento; falta de metas de género; movilidad limitada; falta de conocimiento sobre las oportunidades en el sector; escasez de vinculación entre prácticas profesionales en el sector focalizada a mujeres; falta de un entorno propicio que concilie la vida familiar, con horarios flexibles, redes de apoyo, mentoreo y oportunidades de entrenamiento. 

Por la extensión del documento no podemos desarrollar a detalle cada uno de estos elementos. Sin embargo, es posible observar que varias de estas limitaciones tienen implicaciones estructurales, como aquellas sociales y culturales, por ejemplo, sobre los roles de género o la falta de promoción educativa sobre una formación STEM en mujeres. Otras tienen implicaciones propias de los esquemas de contratación, por ejemplo, características que no propician un entorno que concilie la vida familiar o la falta de iniciativas para aumentar la contratación de mujeres.

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Entonces, a modo de conclusión, hacemos hincapié tanto en las soluciones que propone el documento, como en la relevancia de atender con un enfoque de género la participación femenina en el sector energético. Las soluciones, así como las problemáticas identificadas, también deben ser estructurales. 

Por ejemplo, puede haber un mayor impulso de mujeres con formación STEM en el sector educativo; una promoción del enfoque de género en las empresas traducido en mejorar los ambientes laborales que concilien la vida familiar, salarios iguales por trabajos iguales; así como la creación de redes de apoyo para asegurar la movilidad ascendente en los puestos que desempeñen. 

El enfoque de género que promueve la IRENA enfatiza la relevancia de la incorporación de mujeres; de sus habilidades y sus visiones como parte integral para el crecimiento de la industria. Es indispensable que el sector energético mexicano haga lo propio para diagnosticar la brecha de género con el objetivo de que más mujeres con capacidades técnicas se incorporen al sector. 

Este artículo está elaborado estrictamente con opiniones a título personal y de ninguna manera refleja el punto de vista de la Secretaría de Economía.


[1] IRENA. 2019. Renewable Energy: A Gender Perspective. IRENA, Abu Dhabi. 

[2] González, Irene. 2017. Desigualdad de género y pobreza energética. Un factor de riesgo olvidado. Ingeniería sin fronteras. 

[3] Banco Interamericano de Desarrollo (BID). 2018. Género y Energía: un tema de todos. BID. 

[4] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). 2020. Mujeres y Energía. Naciones Unidas.

*Mitzi Pineda Acosta tiene una maestría en Políticas Públicas por el CIDE y en Administración Pública por la Hertie School. Actualmente labora en el Departamento de Verificación de Contenido Nacional. 

*Marcos Ávalos Bracho es Licenciado en Economía por la UNAM, Maestro en Economía por el CIDE y Doctor en Economía por la Universidad de Essex. Ha sido consultor en organismos internacionales, entre ellos la OCDE, el BID, la ONU y la CEPAL. Es miembro de la Secretaría de Economía y Jefe de la Unidad de Contenido Nacional y Fomento de Cadenas Productivas e Inversión del Sector Energético. 

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