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septiembre 28, 2020
Oil & Gas Sergio Pimentel

Una nueva realidad

La pandemia y la industria petrolera nacional

Las tareas de Exploración y Extracción de Hidrocarburos, como todas las actividades económicas que se llevan a cabo en el mundo, vivieron en las últimas semanas una sacudida sin precedentes. Se conjuntaron aspectos que pusieron a prueba la consistencia y solidez de las empresas de energía (por no hablar de la consistencia y solidez de los países como tal).

La pandemia ocasionada por el Covid-19, con la consecuente baja en la demanda de petróleo y gas; sumada a la disminución natural en el uso de petrolíferos, y la reducción drástica en los precios de estos insumos, alentó un acuerdo inédito en el seno de la OPEP+. El cual  tuvo como motivación toral detener dichas caídas.

Todos los países productores de petróleo y los agentes económicos que participan directamente en esta industria (ya sea que formen parte de la OPEP o no) empujaron medidas tendientes a reducir sus cifras de producción. México fue la excepción, pues la política energética del Gobierno Federal tiene como uno de sus pilares, justamente, detener la caída de la plataforma de producción; que viene consistentemente a la baja desde hace al menos 15 años.

Se suele pensar que los combustibles fósiles están ya “en una etapa de salida” para dar entrada a otros más amigables con el medio ambiente. La transición energética es, sin duda, una realidad apremiante; pero, en mi concepto, pasarán todavía varias décadas para que dicho cambio sea palpable.

Más sobre Sergio Pimentel: La autonomía de los reguladores en materia energética: ¿para qué sirve?

Aún así, el Gobierno Federal aceptó reducir, para los meses de abril y mayo, 100 mil barriles diarios de la producción de su empresa estatal, Petróleos Mexicanos. Está por verse cuál es la referencia que se tomará como base para el recorte y cómo es que éste se materializará.

Hemos dicho que estas actividades se mueven en el mediano y largo plazo. De ahí que la sacudida a la que nos referimos al inicio de este escrito, pega en realidad mucho más fuerte a proyectos que ya se encuentran en la etapa extractiva. No sucede lo mismo con los proyectos de franca exploración, aquellos que tomarán 6 o 7 años para llegar a extraer (aguas someras) o incluso más de 10 años (aguas profundas); asumiendo que tengan un éxito exploratorio que resulte comercial.

La Constitución confiere a las actividades de Exploración y Extracción de Hidrocarburos la calidad de áreas estratégicas. Mismas que deben servir para que la Nación se haga de recursos económicos que contribuyan en su desarrollo a largo plazo. 

Con lo anterior en mente, a mi entender resulta imperativo impulsar dichas actividades en áreas que, por ahora, no encuentran los inconvenientes de los precios actuales de venta de petróleo y gas; porque, por ahora, no producirán. Es imposible saber qué pasará con dichos precios, en digamos 10 o 15 años. Es decir, sería conveniente permitirle a Pemex, y al resto de las empresas de energía del mundo, competir por bloques en aguas profundas; pues ahí se encuentra la mayor riqueza prospectiva de México.

Vivimos una nueva realidad, sin duda. Pero, afortunadamente, hoy contamos con un marco jurídico que nos permite (nos demanda) implementarlo para contribuir de manera decidida a salir adelante.

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