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noviembre 19, 2019
Luis Vielma

Por qué es necesaria la Seguridad Energética: el ataque en Arabia Saudita

Por: Luis Vielma Lobo

Recientemente, compartimos un interesante panel con varios colegas de la industria y platicamos sobre el tema ante un importante grupo de profesionales del sector. Uno de los puntos que discutimos fue el riesgo relacionado con la posibilidad de eventos catastróficos y lo importante de contar con los planes de contingencia que permitan al país administrar los riesgos que implican. Justo cerrando la semana, se produjo un evento de alto impacto para el suministro de hidrocarburos: el ataque con drones a instalaciones petroleras en Arabia Saudita.

Históricamente, el Medio Oriente ha sido la zona más volátil y más vulnerable a este tipo de situaciones ocasionadas, en su mayoría, por eventos geopolíticos. Desde la guerra de los seis días, entre árabes e israelíes en el año 1967, con el embargo petrolero de 1973 – 1974, la guerra de Irán-Iraq en 1980 – 1988, y la intervención de Estados Unidos en Iraq en el año 2003, este evento es el de mayor impacto en la producción de este lado del mundo y similar al ocasionado por la revolución iraní en 1978 – 1979.

Nunca antes en la historia el suministro había sufrido un impacto de esta magnitud. El sacar del mercado 5.7 millones de barriles por día (mmbpd), representa el 6% de la oferta mundial y ya el mercado recibió las repercusiones, con incrementos en sus dos crudos marcadores Brent y WTI, que superan el 10%. Si damos una mirada al mercado de oferta y suministro, Asia es la región más afectada en lo inmediato, pues países como China, India y Japón tienen alta dependencia del suministro de petróleo saudita.

No debemos olvidar que el mercado era sustentado en un cierre de producción de varios países de la OPEP y Rusia. De hecho, Arabia Saudita lidera esta posición dentro de la OPEP. Así que debemos esperar una reacción rápida por parte de ese país, a fin de tranquilizar los mercados, aunque los sauditas evaluaron muy bien cómo hacerlo, pues el incremento de precios le viene muy bien a Riad y también a otros países, ya que les ayudará a equilibrar su balanza fiscal.

Estados Unidos, que cuenta con una producción interna que ya supera los 12 mmbpd, y se ha convertido en el mayor productor del mundo, pudiera beneficiarse de este evento, porque pueden incrementar sus cuotas de exportación a nuevos mercados. También, este suceso puede beneficiar a las compañías privadas que extraen hidrocarburos de formaciones lutiticas o shales y que necesitan mejores precios para mantener su consistencia en la explotación de estas formaciones. Paradójicamente, el gobierno americano prefiere precios bajos para no afectar la factura a los consumidores nacionales, sobre todo en tiempos cercanos a una elección y en plena lucha o inicio de campañas electorales.

Una vez superado el impacto inicial a corto plazo, los mercados pudieran “capear el temporal”, pues los grandes países están bien abastecidos de existencias comerciales y volúmenes acumulados. La perspectiva histórica actual es muy diferente al evento de mayor impacto anterior, pues la economía ahora es menos dependiente del petróleo e hidrocarburos fósiles. Los precios altos del mercado entre los años 2005 al 2014, dieron la oportunidad al desarrollo de energías alternas y a la búsqueda de mayores eficiencias en la energía solar, eólica y fotovoltaica; ya muchos países tienen, en sus políticas públicas, incentivos para promover el desarrollo de energías alternas.

Por estas razones, los analistas de mercado como Ryestad y Natixis “no esperan un repunte de precios sostenible en lo inmediato y piensan que la producción de shales, será el factor de equilibrio en el corto plazo, hasta que Saudi Arabia normalice su situación de producción; acción que pudiera tomarles un par de meses”. No obstante, el evento constituye una buena prueba del potencial de producción para ese país, pues pudiera recuperarlo con el apoyo temprano de otras instalaciones, mediante conexión de rápida ejecución.   

También, el desarrollo de tecnologías de perforación y estimulación hidráulica impulsaron, de una manera extraordinaria, el desarrollo de formaciones de lutita o shales; no sólo en Estados Unidos, sino también en otros países de América y Europa. Solamente en Estados Unidos, esto representa el 70% de su producción. Asimismo, el mercado espera la incorporación de producción en Guyana, donde ya Exxonmobil ha descubierto reservas que superan los 6500 millones de barriles y ya recibió su primer FPSO (Floating, Production, Storage and Offloading) para iniciar su producción en el primer trimestre del próximo año.

La pregunta es ¿cómo impacta este evento a México? Inicialmente, lo beneficia, pues el incremento de precios se refleja en una mejora de los ingresos de Pemex y del país. Pero también tiene un impacto en los costos de los petrolíferos importados, como la gasolina y el diésel. Del gas no se espera mayor impacto, pues la producción de los yacimientos tight del Permico y las lutitas – shales del sur de Texas es de tal magnitud, que, en algunos lugares, han pagado para que empresas recolecten el gas en exceso y se lo lleven.

Lo más importante de este evento es que nos ratifica la vulnerabilidad geopolítica del Medio Oriente y el alto impacto que tiene en los mercados; razón por la cual, desde el punto de vista de seguridad energética, México debe continuar en la diversificación  de su matriz  energética y revisar las políticas públicas que dejó la pasada reforma, a fin de asegurar que las mismas incorporen incentivos que promuevan el desarrollo de las energías alternas, a fin de reducir la dependencia, en gran medida, de un sólo tipo de energía: los hidrocarburos.

Asimismo, es necesario continuar con el plan de fortalecimiento de Pemex y la recuperación de su capacidad de refinación interna, todo lo cual elevará su nivel de independencia energética, única opción para estar preparados ante eventos catastróficos de cualquier tipo. También se debe considerar en esa matriz energética la opción de almacenar petróleo en el subsuelo o preparar áreas, para tener respuesta rápida en la producción de hidrocarburos; algo equivalente al concepto de reservas estratégicas que tiene la unión americana.

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