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abril 17, 2021
Luis Vielma

La pandemia como oportunidad para cambiar

La pandemia como oportunidad para cambiar y crear futuro – Por Luis Vielma

Los tiempos que vivimos pueden parecernos de amenaza u oportunidad. Experimentamos nuestra realidad personal viendo la taza de agua medio llena o medio vacía. 

O como el dilema del elefante del circo, que siendo un bebé fue atado al poste central de una tienda de campaña y creció tratando de desatarse, pero nunca pudo. Siendo un adulto, permaneció atado al poste, sin intentar romper su atadura, porque en su mente se instaló la creencia de que no podía hacerlo; un paradigma que toda su vida lo dominó.

Estos paradigmas se van fortaleciendo en la medida en que nos atamos durante mucho tiempo a las empresas y organizaciones, pues nos sentimos seguros y creamos allí nuestras zonas de confort. Cada día que pasa nos resulta más difícil dejarlas. También con el tiempo vamos desarrollando miedos y creando nuestras propias limitaciones, causadas por las decisiones que tomamos de manera rutinaria. El tema de asumir riesgos es totalmente calculado, si es que ocurre, pues la historia nos ha enseñado que solamente los momentos de crisis o catástrofes pueden sacarnos de esa zona de seguridad personal.

Una realidad incuestionable es que desde hace ya un año vivimos una crisis relacionada con la aparición del coronavirus -el cual aún permanece entre nosotros-, cuya cepa ha aprendido a evolucionar, buscando hacerse indestructible e imperecedera, hasta acabar con el mismo organismo que la alimenta, la mantiene y la induce a destruir. También es una realidad que las empresas y organizaciones han explorado fórmulas para sobrevivir, apoyándose principalmente en las tecnologías de la comunicación, desarrollando el trabajo de una manera diferente. 

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No obstante, conforme el tiempo avanza y se mantiene la fuerza de la pandemia, muchas empresas se agotan financieramente. El esquema o modelo de negocio termina exhausto y los trabajadores simplemente ya no tienen la opción de producir, incluso sacrificando muchos aspectos de su vida profesional, familiar y personal. 

En ese momento, el dilema del elefante puede aparecer y generar estrés, desesperanza, angustia y, en ocasiones, desesperación, decaimiento moral y hasta cuadros depresivos que conducen a enfermedades graves. El cuestionamiento que cada persona hace internamente, en sus momentos de silencio y reflexión, está relacionado básicamente con su futuro, con el mañana. ¿Qué hacer ahora?, ¿cómo seguir adelante si ya no cuenta con una fuente de ingreso segura?, ¿cómo mantener su proyecto de vida?; es decir, ¿cómo sobrevivir?

Éste es el momento para las reflexiones, decisiones y acciones; tiempo de salir de la burbuja donde nos habíamos encontrado la mayor parte de nuestra vida. El entorno nos había permitido extender la burbuja del trabajo hasta nuestros hogares, pasando más tiempo dentro de la casa que fuera de ella y dedicando más tiempo después del trabajo a la televisión, las redes sociales y los juegos de video, en lugar de interactuar con otras personas. 

Nos acostumbramos a vivir en fraccionamientos cerrados, confinados en áreas determinadas, limitadas y seguras, conviviendo con pequeños grupos de vecinos, a quienes aún no conocemos. Nuestra vida dejó de ser social para convertirse en individual. La zona de confort que experimentamos en la empresa la trasladamos al vecindario, a la colonia y al hogar; al ámbito más privado posible. 

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Ese momento de reflexión también es el espacio oportuno para ampliar la manera de pensar, cambiar el mapa mental, revisar los paradigmas. Es tiempo de cuestionarse y convertir las expectativas en retos sin lugar para victimizarse; por el contrario, hay que desafiarse asumiendo que son sentimientos distintos y generan emociones y conductas diferentes. Víctima significa decaimiento. Reto significa emoción, lucha, deseo de logro y propósito. 

Como nos ha sucedido con cualquier experiencia nueva, inicialmente el sentimiento es confuso, de miedo, de debilidad. Pero en la medida que vamos decantando y organizando las ideas, la percepción se va transformando, la mente va cambiando. El elefante empieza a entender que ha crecido, que es más fuerte y que podría desatarse de ese poste de una manera, quizás, fácil. 

Son momentos de pensar en nuestras fortalezas, no en debilidades. Es una oportunidad para recordar que podemos aprender del pasado y nutrirnos de la experiencia de otros. También para actuar confiando en el presente, creer en nosotros y crear un futuro exitoso. En esta fase del proceso es muy importante desarrollar un sentido de urgencia para convertir las ideas en proyectos e implementarlos, crear pequeñas sociedades. 

En la vida, como en el futbol, las pequeñas alianzas empujan al equipo y traen resultados. Generar espacios para el trabajo colaborativo, buscar un amigo o un colega, platicarle nuestras ideas y proyectos, convertirlo en nuestro socio, complementarnos con su experiencia y llenar esos vacíos que tenemos, y que muchas veces no reconocemos.

Aún es más importante pensar en grande, no sólo invertir en la educación de nuestros hijos y mejorar nuestra calidad de vida; se trata de crear una experiencia diferente que nos permita ser una pieza distintiva de un mosaico único en un mundo sustentable. Ayudar a otros, sin importar si la pieza es pequeña en dimensión y asumiendo que la grandeza está en la visión y en la acción de escribir día con día el legado que represente la historia inspiradora de una vida extraordinaria.

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