Negocios Industriales

Baja Tensión e Infraestructura Inteligente: el Reto de la Relocalización

Baja Tensión e Infraestructura Inteligente: el Reto de la Relocalización

México atraviesa un momento de inflexión histórica. La reconfiguración de las cadenas de suministro globales, fenómeno ampliamente conocido como relocalización de empresas, ha colocado al país en el epicentro de la estrategia industrial norteamericana.

 

Las proyecciones económicas son contundentes: se estima que la Inversión Extranjera Directa podría superar los $40,000 millones de dólares al cierre de 2024 y escalar hasta los $42,000 millones en 2025. Sin embargo, este flujo masivo de capital y la instalación de nuevas plantas de manufactura enfrentan un desafío crítico que trasciende la disponibilidad de terrenos o mano de obra calificada: la calidad, gestión y resiliencia de la energía eléctrica en baja tensión.

 

La infraestructura de distribución eléctrica ha dejado de ser un insumo básico operativo para convertirse en un activo estratégico de primer orden. En la era de la industria conectada, ya no basta con tener suministro eléctrico; la manufactura moderna demanda energía inteligente, monitoreable y auditable en tiempo real.

 

Un mercado impulsado por la demanda y la eficiencia

 

El dinamismo del sector es palpable en las cifras macroeconómicas. El mercado de la electrónica de potencia en México, valuado en aproximadamente $457.4 millones de dólares en 2024, se proyecta hacia los $796.3 millones para 2033, con una tasa de crecimiento anual compuesta cercana al 5.7%. Paralelamente, la automatización industrial, motor indiscutible de la eficiencia operativa, pasará de $3,510 millones de dólares a $6,690 millones en el mismo periodo.

 

Este crecimiento exponencial responde a una demanda eléctrica nacional que creció un 3.5% recientemente, presionando a un Sistema Eléctrico Nacional que opera frecuentemente cerca de sus límites de reserva operativa. Ante una red pública saturada y propensa a variaciones, la confiabilidad del suministro debe garantizarse “detrás del medidor”, es decir, dentro de sus propias instalaciones, mediante tableros inteligentes y sistemas de protección avanzados.

 

Cumplimiento normativo y competitividad operativa

 

La modernización de la infraestructura no es solo una cuestión de vanguardia tecnológica, sino de estricta legalidad. La implementación de la segunda versión del Código de Red por parte de la Comisión Nacional de Energía establece estándares rigurosos de eficiencia, calidad y confiabilidad que son de cumplimiento obligatorio. Los centros de carga industriales en media y alta tensión están ahora forzados a mantener un factor de potencia mínimo de 0.95 durante el 95% del tiempo operativo y a controlar estrictamente la inyección de corrientes armónicas a la red.

 

Aunque el incumplimiento conlleva sanciones económicas severas, el verdadero riesgo para el industrial es puramente operativo. Una mala calidad de energía provoca paros no programados que, en industrias de alta complejidad como la automotriz o la aeroespacial, pueden costar hasta $9,000 dólares por minuto de inactividad. Aquí es donde la tecnología de baja tensión juega su rol vital: la infraestructura inteligente no solo asegura el cumplimiento normativo mediante el monitoreo constante, sino que blinda la continuidad del negocio frente a perturbaciones externas.

 

La convergencia digital en el tablero eléctrico

 

La respuesta tecnológica a estos retos es la convergencia total entre la electricidad y el Internet de las Cosas. Los componentes de distribución en baja tensión han evolucionado radicalmente; han pasado de ser simples protecciones termomagnéticas mecánicas a convertirse en nodos de comunicación y análisis de datos.

 

Líderes tecnológicos globales con fuerte presencia en México han desplegado soluciones robustas. Empresas como Schneider Electric han introducido interruptores de bastidor abierto que incorporan medición de energía Clase 1 —con una precisión del 1%— y conectividad nativa para monitoreo remoto vía dispositivos móviles. Esto permite diagnósticos en tiempo real y una recuperación del suministro mucho más ágil tras una falla, reduciendo drásticamente los tiempos muertos.

 

Por su parte, firmas como Siemens impulsan la integración total mediante medidores capaces de volcar datos de consumo y calidad de energía directamente a la nube o a sistemas de gestión centralizados. Esto facilita la creación de “gemelos digitales”, permitiendo a los ingenieros simular y optimizar procesos eléctricos antes de su implementación física, eliminando riesgos y sobrecostos.

 

 

Modernización: la estrategia rentable frente a lo nuevo

 

Un dilema común para los directores financieros es la gestión del capital en instalaciones antiguas. Aquí, la estrategia de modernización o actualización tecnológica cobra fuerza frente a la sustitución total. Fabricantes como ABB han desarrollado soluciones para actualizar tableros obsoletos mediante kits de reconversión directa.

 

Esta estrategia permite modernizar la infraestructura crítica con un ahorro superior al 60% en costos de inversión comparado con equipos nuevos. Además, reduce el tiempo de ejecución de las 72 horas promedio necesarias para un cambio total de tablero, a solo 4 horas por sección. Esto minimiza el impacto en la producción, un factor decisivo en plantas que operan bajo esquemas de “justo a tiempo”.

 

Seguridad humana y retorno de inversión

 

Finalmente, la inversión en digitalización eléctrica ofrece un retorno tangible y protege el capital humano. La capacidad de detectar el origen de cortes de energía mediante medidores inteligentes tiene una tasa de fiabilidad superior al 97%. Además, la optimización de consumos basada en el análisis de datos puede reducir hasta un 30% el gasto energético en grandes instalaciones. Un aspecto crucial, a menudo subestimado, es la seguridad.

 

Los tableros inteligentes permiten la operación y el rearme remoto, manteniendo al personal técnico fuera del límite de aproximación a relámpagos de arco, reduciendo drásticamente el riesgo de accidentes fatales. La infraestructura inteligente de baja tensión es, en definitiva, el sistema nervioso que permitirá a la industria mexicana capitalizar la oportunidad histórica de la relocalización. En un entorno donde la energía es el insumo más crítico, la capacidad de medir, analizar y controlar el flujo eléctrico define la frontera entre una empresa reactiva y una organización resiliente, segura y altamente competitiva.

 

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