Los precios del petróleo superaron los 100 dólares por barril por primera vez desde los primeros meses de la invasión rusa a Ucrania en 2022, impulsados por una fuerte escalada del conflicto en Medio Oriente y crecientes riesgos para el suministro energético mundial.
Los futuros del crudo Brent, referencia internacional, y del West Texas Intermediate (WTI), marcador estadounidense, se dispararon más de 15% al inicio de las operaciones del domingo por la noche, alcanzando niveles cercanos a los 108 dólares por barril. Desde el inicio de las hostilidades en la región, ambos contratos acumulan aumentos de más de 50% y 60%, respectivamente.
El repunte del crudo se produce en un contexto de fuerte volatilidad en los mercados financieros. Al inicio de la sesión, los futuros bursátiles en Estados Unidos registraron caídas: el S&P 500 y el Nasdaq 100 retrocedieron alrededor de 1.5%, mientras que el Dow Jones Industrial Average perdió cerca de 2%.
La escalada se intensificó desde el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques aéreos contra Irán, lo que provocó represalias del régimen iraní y amplió el conflicto en la región. Desde entonces, los precios del petróleo han registrado su mayor avance semanal desde al menos 1985.
Uno de los factores clave detrás del alza es la interrupción del tráfico petrolero en el estrecho de Ormuz. Una ruta estratégica por donde circulan alrededor de 20 millones de barriles diarios, equivalente a una quinta parte del comercio marítimo mundial de crudo. Datos de la firma Vortexa indican que cerca de 16 millones de barriles diarios han quedado bloqueados detrás del estrecho, fuera del mercado internacional.
Analistas advierten que una interrupción prolongada podría impulsar aún más los precios. El estratega de Macquarie, Vikas Dwivedi. Señaló que varias semanas de cierre en Ormuz podrían generar un “efecto dominó” que llevaría el petróleo hasta los 150 dólares por barril.
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Mientras tanto, ataques con misiles y drones han alcanzado infraestructura energética en países como Arabia Saudita, Bahréin y Qatar. Elevando aún más la preocupación sobre la estabilidad del suministro global.
