El panorama energético de México se encuentra en un punto de inflexión con el avance del Proyecto Zama, un yacimiento petrolero de dimensiones «gigantes» que marca un precedente histórico al ser el primer activo compartido entre Pemex y un consorcio de operadores privados en aguas someras frente a las costas de Tabasco.
Con recursos estimados en 750 millones de barriles equivalentes, Zama se posiciona como una pieza estratégica para la seguridad energética nacional. La estructura operativa del proyecto ha experimentado cambios significativos recientemente: tras la adquisición de la mayor parte de las acciones de Talos Energy México por parte del Grupo Carso, propiedad de Carlos Slim, la operación del yacimiento ha sido formalmente designada a la compañía Harbour Energy.
Un motor de producción nacional
Las proyecciones para este desarrollo son ambiciosas. Se estima que Zama podría alcanzar un pico de producción cercano a los 180 mil barriles diarios de crudo ligero. Esta cifra no es menor, ya que representa aproximadamente el 10% de la producción total del país, contribuyendo sustancialmente a revertir el declive de las reservas nacionales.
Para materializar este potencial, el plan de desarrollo contempla una infraestructura técnica de vanguardia que incluye:
- La instalación de dos plataformas costa afuera fijas.
- La perforación y terminación de un total de 46 pozos, divididos entre productores e inyectores para optimizar la recuperación.
Estructura de participación en 2026
La alianza estratégica en el Bloque 7 se rige bajo una estructura de capital sólida. Pemex ostenta la mayor participación con un 50.43%, manteniendo su rol como socio mayoritario. Le sigue Harbour Energy con el 32.22% y el liderazgo operativo, mientras que Grupo Carso, a través de su filial Zamajal, controla el 17.35% restante. Esta suma de capacidades técnicas y financieras consolida a Zama como el descubrimiento privado más relevante en la historia reciente de México.
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