María Fernanda Olvera, Líder del Departamento de Soporte Técnico en MISUMI.
La industria de la automatización y la manufactura en México atraviesa un momento crucial de transformación, no solo tecnológica, sino estructural y humana. En este escenario, la inserción y ascenso de mujeres en roles de alta especialización técnica y toma de decisiones se han convertido en un indicador de madurez corporativa.
Para analizar este fenómeno desde la primera línea de acción, conversamos con María Fernanda Olvera, actual Líder del Departamento de Soporte Técnico en MISUMI, quien comparte su perspectiva sobre los retos de la ingeniería mecatrónica, la distinción vital entre igualdad y equidad, y la necesidad de un cambio cultural profundo. Egresada de la Universidad Politécnica de Querétaro en Ingeniería Mecatrónica, María Fernanda representa a una generación de profesionales que ha tenido que abrirse paso en terrenos históricamente masculinizados. Su trayectoria comenzó en el exigente campo del servicio postventa para maquinaria de inyección de plásticos, una etapa formativa que contrastó la teoría académica con la dura realidad operativa. En 2022 se integró a MISUMI.
La anatomía del empoderamiento y el liderazgo
Para la especialista, el concepto de empoderamiento en la industria no es una concesión externa, sino una construcción interna que se valida con resultados. María Fernanda Olvera sostiene que este proceso “comienza con el empoderamiento personal: creer en nuestras capacidades, confiar en nuestro talento y asumir que somos capaces de alcanzar los objetivos que nos proponemos”.
Sin embargo, el liderazgo femenino aporta matices que enriquecen la dinámica organizacional. No se trata de replicar modelos de mando tradicionales, sino de integrar habilidades de gestión humana que optimicen el rendimiento técnico. Según Olvera, al trasladar sus habilidades al ámbito profesional, las mujeres “aportan estilos de liderazgo que favorecen la escucha activa, la confianza, la colaboración y el bienestar de los equipos”. El impacto de esto trasciende la métrica de productividad inmediata, pues “cada mujer en una posición de liderazgo contribuye a romper estereotipos y ampliar las posibilidades para otras”.
Mérito sobre cuota: la distinción entre igualdad y equidad
Uno de los puntos más críticos en el debate sobre la inclusión es la distinción entre cumplir una cuota de género y reconocer el talento real. Esta distinción es fundamental para la sostenibilidad de las políticas de diversidad e inclusión. Olvera es tajante al respecto: “La equidad no consiste en cumplir una cuota, sino en garantizar que el talento y el mérito sean los factores decisivos al momento de brindar oportunidades”.
La ingeniera explica que, mientras la igualdad puede limitarse a mostrar que existen las mismas oportunidades, la equidad “implica reconocer y valorar el esfuerzo, la preparación y el mérito de cada persona”. Elegir a una mujer por sus capacidades significa validar “su dedicación, su formación continua, su iniciativa y el trabajo constante que la ha llevado a estar preparada para asumir ese rol”.
Barreras socioculturales y el techo de cristal
A pesar de los avances, la predominancia masculina en puestos directivos sigue siendo la norma. María Fernanda Olvera reconoce que esta situación le genera una dualidad de sentimientos: tranquilidad por los avances, pero reflexión ante lo que falta. “En un contexto como el de México, donde aún persisten estereotipos de género, es un proceso que tomará tiempo y requiere del esfuerzo colectivo para consolidarse”, afirma.
El análisis de María Fernanda se extiende a la estructura social y educativa. Identifica un sesgo persistente en cómo se percibe la ambición profesional dependiendo del género. “Con frecuencia, cuando una mujer expresa ambición en su carrera, surgen juicios relacionados con el descuido del hogar o la familia; por otro lado, cuando un hombre alcanza la cima profesional, suele ser reconocido y celebrado por su dedicación y esfuerzo”, observa.
Para desmantelar estas estructuras, la solución debe ser sistémica, comenzando desde la infancia y la distribución de roles domésticos. “Es fundamental que el cambio comience desde el hogar mediante una reestructuración de los roles”, señala, agregando que es vital que las niñas tengan acceso a juguetes que estimulen la ciencia y la exploración para que “puedan imaginarse como futuras científicas, ingenieras o líderes”.
El punto de inflexión profesional
El ascenso de María Fernanda a su actual posición de liderazgo fue un momento definitorio que ilustra la superación del llamado “síndrome del impostor”. Al postularse para una vacante interna compitiendo contra dos colegas hombres, la duda estuvo presente. “Sentí temor e incertidumbre sobre si era una candidata adecuada… Éramos tres personas compitiendo por la posición y yo era la única mujer”, recuerda. No obstante, la decisión de confiar en su preparación fue clave. “Esta experiencia me permitió reafirmar mi confianza y comprender que era lo suficientemente capaz para asumir la posición y enfrentar nuevos retos profesionales”, comenta. El resultado no solo fue su promoción, sino el efecto multiplicador que generó en su entorno.
Un legado de apertura
El paso de María Fernanda Olvera por la industria está dejando una huella tangible. Ha sido pionera en sus equipos y su gestión ha facilitado la llegada de más talento femenino. “En el caso de MISUMI, me llena de orgullo saber que, después de mi incorporación, se abrió la puerta para la contratación de más mujeres”, comparte, destacando que su equipo actual cuenta con una paridad notable. Para las nuevas generaciones de ingenieras, su mensaje es de acción y valentía ante la incertidumbre: “Buscar una oportunidad, aspirar a una posición o participar en un proyecto implica dar el primer paso, y el peor escenario suele ser permanecer en el mismo lugar”. Olvera concluye con una máxima que resume su ética laboral y su ascenso en un sector altamente competitivo: “Tu trabajo habla de ti y de la persona que eres”.
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