El director ejecutivo de Saudi Aramco, Amin Nasser, advirtió que una mayor interrupción en el suministro energético mundial podría tener consecuencias “catastróficas”, en un contexto de creciente tensión geopolítica en Medio Oriente que amenaza con afectar de forma significativa a los mercados globales de petróleo.
Durante una conferencia con analistas e inversionistas, el directivo señaló que el conflicto con Irán representa la mayor crisis que ha enfrentado la industria petrolera y gasífera de la región en los últimos años. Según explicó, los efectos del conflicto ya se reflejan en distintos sectores económicos más allá del energético.
Nasser señaló que la situación ha generado un efecto dominó que impacta actividades como el transporte marítimo, el sector asegurador, la aviación, la agricultura y la industria automotriz. A su juicio, mientras más se prolongue la disrupción en la región, mayores serán las repercusiones para los mercados petroleros y para la economía global en su conjunto.
Ante este escenario, Aramco ha comenzado a aumentar el volumen de crudo que transporta a través del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudita, una infraestructura estratégica que conecta los campos petroleros del Golfo con el Mar Rojo y permite exportar petróleo sin necesidad de cruzar el Estrecho de Ormuz.
De acuerdo con el ejecutivo, este oleoducto cuenta con una capacidad cercana a los 7 millones de barriles diarios y la compañía espera alcanzar su nivel máximo de operación en los próximos días. Nasser añadió que, incluso si la producción se redujera temporalmente al volumen que puede transportarse por esta vía, la empresa estaría en condiciones de restablecer su producción habitual en cuestión de días.
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En los mercados internacionales, la volatilidad continúa marcando la evolución de los precios del crudo. Los futuros del Brent y del West Texas Intermediate llegaron a superar los 100 dólares por barril al inicio de la semana tras los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán, alcanzando picos cercanos a los 119 dólares antes de retroceder.
Sin embargo, el mercado energético sigue enfrentando importantes riesgos. El Estrecho de Ormuz —por donde circula cerca del 20% del comercio mundial de petróleo— permanece cerrado al tránsito marítimo, lo que mantiene la incertidumbre sobre el suministro global.
En paralelo, varios países de la región han tomado medidas preventivas en sus instalaciones energéticas. Emiratos Árabes Unidos anunció la desconexión temporal de la refinería de Ruwais, con capacidad para procesar alrededor de 900 mil barriles diarios, mientras que Baréin suspendió operaciones en su única refinería, operada por Bapco Energies. Estas decisiones reflejan el impacto que la crisis regional está teniendo sobre la infraestructura energética de Medio Oriente.