El 19 de diciembre de 2025, se formalizaron los primeros cinco contratos mixtos entre Petróleos Mexicanos y diversos operadores privados. En buena medida, esta nueva figura legal condensa la postura de la izquierda parlamentaria durante la aprobación de la legislación secundaria de la reforma constitucional en materia energética, impulsada en 2013 por el gobierno de Enrique Peña Nieto.
En ese momento (verano del 2014), la entonces oposición planteó en este tema, varias reservas legislativas a la iniciativa oficial que buscaban darle un papel más importante a Pemex en la selección de quien pudiera ser su aliado en las migraciones de asignaciones a contratos con socio.
La idea de la minoría progresista en el Congreso era en el fondo, incrementar el peso de la lógica industrial petrolera frente a los omnipresentes criterios del rentismo desarrollista, que terminó por imponerse. Sorprendentemente (al menos para quien esto escribe), en la reforma de marzo de 2025, dichos criterios se mantuvieron en esa vía de explotación de nuestra riqueza petrolera y solo se hicieron los ajustes derivados de las modificaciones al diseño institucional del sector energético.
Volviendo a los contratos mixtos, en este primer proceso de licitación se pusieron diez asignaciones a la disposición de potenciales socios de Pemex: Tamaulipas-Constituciones, Sini-Caparroso, Nobilis-Maximino, Cuervito, Tupilco Terciario, Tlatitok-Sejkan, Macuil-Paki, Agua Fría, Pit-Kayab-Utsil y Macavil.
Convertidos por los medios y el debate público como el instrumento o mecanismo de participación privada más visible, tras la citada reforma de marzo de 2025; la presentación del modelo base y el seguimiento a las empresas interesadas fue tema de múltiples análisis, juicios, pronósticos y especulaciones. Al final del día, esta componente del nuevo entramado institucional, jurídico y operativo, se volvió icónica, emblemática del presente y las perspectivas de mediano plazo de Petróleos Mexicanos.
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Al concluir un proceso del que Pemex tendrá que sacar las lecciones y aprendizajes correspondientes y muy normales en la implementación de un procedimiento novedoso; se suscribieron los contratos mixtos asociados a las siguientes asignaciones: Tamaulipas-Constituciones, Sini-Caparroso, Cuervito, Tupilco Terciario y Agua Fría.
Es decir, cinco de las diez asignaciones en las que Pemex decidió realizar trabajos compartidos para relanzar la producción petrolera. Tras este primer intento, podríamos esperar ajustes tanto en los parámetros, métodos y procedimientos, como en la actitud misma de quienes participen en futuros procesos de contratos mixtos.
Lo fundamental es tener la conciencia de que estamos frente a un método de alianza entre operadores petroleros y no de contratación de los servicios de uno por el otro. Y no olvidar que los contratos mixtos, son solo uno más de los instrumentos de Pemex y el Estado para explotar nuestra riqueza petrolera.
En vistas de próximas licitaciones, se necesita un análisis sereno de esta primera experiencia, dejando de lado los juicios apresurados y lapidarios en uno u otro sentido. Resulta imperativo construir premisas sólidas desde el punto de vista geológico, técnico y económico para definir los objetivos e identificar las asignaciones de desarrollo propio que podrían convertirse en asignaciones de desarrollo mixto. A partir de ahí, seleccionar al socio no solo por su capacidad financiera sino y sobre todo, por su disposición a realizar transferencia tecnológica, colaborar en la formación de recursos humanos y en general, establecer sinergias en el corazón de la actividad petrolera.