30.6 C
Mexico
septiembre 20, 2019
Especiales Fluvio Ruiz

Seguridad energética y refinación

Por: Fluvio Ruiz Alarcón

En el periodo 2000–2017, el déficit nacional entre producción y consumo de petrolíferos se profundizó: el consumo creció a un ritmo de 1.3% anual y la producción cayó a una tasa de 2.8%. Como resultado, la balanza comercial petrolera se volvió negativa. Las exportaciones de petróleo crudo ya no alcanzan para cubrir las importaciones de productos derivados. Tan sólo el año pasado, Pemex gastó 32,593 millones de dólares en importar refinados; se tuvieron que cubrir 3,288 millones de dólares del saldo negativo de la balanza comercial petrolera.

Por otro lado, casi el 50% del consumo final de energía en México se destina al transporte de personas y mercancías. De esa cantidad, los petrolíferos representan el 99.7%. Esto significa que la substitución de este tipo de combustibles, por otros más amigables con el medio ambiente, será costosa y se prolongará por décadas. Conforme a las cifras de la Agencia Internacional de la Energía, al conjunto de las economías del planeta le tomó cuarenta años reducir en 5% el consumo primario de combustibles fósiles. Es decir que, por múltiples razones (intereses creados, rigidez de los senderos tecnológicos, debilidades institucionales, etc), la inercia de los modelos económicos, los sistemas productivos y los patrones de consumo, es mayor de la que estiman las proyecciones optimistas en materia de transición energética.

Por eso, es muy importante que el actual gobierno tenga como uno de sus objetivos estratégicos, reducir la enorme dependencia que tenemos en materia de combustibles. Ésta es de tal magnitud, que podemos afirmar que estamos en una situación de franca vulnerabilidad. De acuerdo con el académico francés Jacques Percebois, la vulnerabilidad energética difiere de la dependencia energética, ya que se puede ser dependiente sin ser vulnerable. «Un país que importa la mayor parte de su energía, pero a un precio accesible y garantizando la seguridad del suministro mediante la diversificación adecuada de las fuentes de aprovisionamiento, será dependiente pero no vulnerable». México es un país vulnerable porque la inmensa mayoría de las importaciones provienen de los Estados Unidos de América, a partir de la instauración de un modelo de integración subordinada que, por estos días, ha mostrado su peor rostro.

En ese sentido, la construcción de nuevos trenes de refinación es necesaria por razones de seguridad energética. La ampliación de la capacidad de producción, la optimización del Sistema Nacional de Refinación y la implementación de medidas de contención de la demanda, podrán disminuir los desequilibrios entre la oferta y la demanda de combustibles, inducidos por una visión extractivista y financierista de corto plazo. Es por ello imperativo, que el gobierno no confunda la tenacidad en la consecución de este vital objetivo, con la obstinación de construir una nueva refinería en un sitio predeterminado; más que por razones técnicas, por entendibles aspiraciones de justicia social y equidad regional. Si los riesgos que se han venido conociendo en torno al proyecto de Dos Bocas, y los trabajos, costos y tiempos asociados a su mitigación, hicieran preferible otra localización, habría que considerar seriamente la opción alterna.

En materia de refinados, lo fundamental es lograr la mejor operación del sistema de producción, almacenamiento y distribución en su conjunto y, sobre todo, iniciar la ruta que nos saque de la vulnerabilidad, nos aleje de la dependencia y, al final del camino, nos lleve hacia la seguridad en el suministro.

Related posts

Eficiencia energética y financiera, las metas impostergables de Pemex

Aldo Santillán Alonso

Certificación y control, los blindajes de la eficiencia

Aldo Santillán Alonso

La CNH aprueba plan de desarrollo para la asignación del Campo Cheek

Aldo Santillán Alonso

Leave a Comment